María S. González
1948 - 2019
De Muysc cubun - Lengua Muisca
Saltar a: navegación, buscar
← Lista de muisquismos
Muisquismos léxicos. Gómez, Diego F. & Gómez, José Manuel © (2008 - 2018).

tunjo   /'tuŋxo/

(Del muysca de Bogotá "chunso")


I. s. m. Criatura perteneciente al folclor de varios departamentos del centro occidente de Colombia (Cundinamarca, Boyacá, Tolima, Huila) en forma de un recién nacido que, al ser transformado en un objeto mágico de oro, enriquece a aquel que se lo encuentre y cuide correctamente. Tiene su origen en las figuras votivas antropomorfas o zoomorfas pertenecientes al arte orfebre religioso de los muiscas
Datos adicionales:

Registrado anteriormente por:

  1. Casa editorial El Tiempo. (2004). Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano. Editorial Universidad Autónoma de Colombia. Bogotá.
  2. Frassani, Alessia. (2018). La Virgen de Chiquinquirá y la religión muisca. Tomado de: https://revistas.unal.edu.co/index.php/hisysoc/article/view/70319/66941
  3. Giraldo Gallego, Diana. (2012). Préstamos de origen muisca en Cundinamarca y Boyacá. Tomado de la biblioteca digital de la Universidad de Antioquia: http://bibliotecadigital.udea.edu.co/bitstream/10495/3985/1/GiraldoDianaA_2012_PrestamosOrigen.pdf
  4. Gómez, J. M. & Gómez Aldana, D. F. Lista de probables muisquismos. Grupo de Investigación Muysccubun. 2008 - 2018.
  5. González de Pérez, María Stella. (1996). Los sacerdotes muisca y la paleontología lingüística. Boletín Museo del Oro, Num 40. Bogotá.
  6. Gonzalez Otalora, Guillermo. (2003). Mitos del Huila. Registro sonoro. Digital Audio Mix. Neiva.
  7. Langebaek, Carl, Londoño, Eduardo.( 1988). Santuarios indígenas en el repartimiento de Iguaque, Boyacá. Un documento de 1595 del Archivo Nacional de Colombia. Citados por Frassani.
  8. López Orozco, Asdrúbal. (2008). Mitos y leyendas de Colombia. Editorial educativa Kingkolor Ltda. Bogotá.
  9. Manchego, Edgar & Maya, Clara Victoria. (1996). Historias de espanto. Cassette. Colcultura y El Fondo Mixto Para la Promoción. Armenia.
  10. Ocampo López, Javier. (2006). Folclor, costumbres y tradiciones colombianas. Plaza & Janés Editores Colombia S.A. Bogotá.
  11. Ramírez Sendoya, P. (1952). Diccionario indio del gran Tolima; estudio lingüístico y etnográfico sobre dos mil palabras indígenas del Huila y del Tolima. Bogotá: Minerva.
  12. Rodríguez de Montes, M. L. (1984). “Muisquismos léxicos en el Atlas lingüístico etnográfico de Colombia (ALEC)”. En: Homenaje a Luis Flórez (LXIX).Bogotá: Publicaciones del Instituto Caro y Cuervo (LXIX). Págs. 1-55.
  13. Sánchez López, Luis María. (2001). Colombia: mitos y leyendas. Colina. Bogotá.
  14. Simon, Pedro. (1891). Noticias historiales de las conquistas de Tierra Firme en las Indias occidentales. Tomado de:https://archive.org/details/tierrafirmeindias02simbrich/page/288

Localización diatópica: Chinavita, Garagoa, Turmequé (Boy), Bosa, Nemocón, Cogua y Zipaquirá (Cund), San Antonio, Ambalema, Planadas (Tol),
Campos semánticos: Ser mítico, Antropomorfo.
Comentarios: Es de común conocimiento y acuerdo en todas las fuentes sobre folclor colombiano consultadas (El Tiempo, Guillermo González, Edgar Manchego, Asdrúbal López, Luis María Sánchez, Javier Ocampo) que el mito del Tunjo cumple una doble función moral y religiosa (católica) que está en íntima relación con los siguientes cuatro aspectos: el azar, la bondad del alma, el castigo y la recompensa y, por encima de todo, la riqueza.

Analizando cada uno de los dichos aspectos desde lo moral del mito, en primer lugar, se identifica el azar en la accidentalidad del encuentro de un individuo con el Tunjo, pues este hace su aparición inesperadamente incluso cuando se le busca deliberadamente y, por tanto, encontrárselo es más una cuestión de suerte o infortunio que de persistencia. Ahora, la bondad del alma se ve involucrada en ciertos valores morales que se resaltan en la historia del Tunjo tales como el respeto a las advertencias sobre lo sobrenatural (generalmente de parte de conocedores y ancianos), la precaución como virtud de quien no curiosea más de lo necesario y la generosidad en la repartición de las riquezas que, a condición de que se le alimente sin falta, otorga el Tunjo. Precisamente, de la responsable alimentación del Tunjo depende que este actúe a favor (recompensa) o en contra (castigo) de su poseedor. Finalmente, la avaricia por la riqueza que representa el oro del que está hecho el Tunjo, además de todo el oro que este puede procurar al volverse posesión de alguien, es la característica que más resalta del mito de esta criatura.

Ahora, al profundizar desde lo religioso católico, el Tunjo tiene una naturaleza maligna, según todas las fuentes mencionadas, que radica principalmente en su origen pagano como objeto religioso de las comunidades indígenas. De modo que para purificar, dominar y poner al servicio propio esa maldad, se le debe hacer la señal de la cruz y bautizarlo (esto se resalta especialmente en El Tiempo y en L. M. Sánchez). Por otro lado, el Tunjo es percibido negativamente desde la perspectiva religiosa católica, porque se le asocia a la fealdad de la avaricia y la mezquindad que a priori motiva a la gente a buscarlo, como recalcan E. Manchego, L.M. Sánchez, G. González. Cabe resaltar que una excepción a lo dicho anteriormente se encuentra con A. López, ya que describe la posesión de un Tunjo como algo completamente dichoso.

¿Cómo luce y se comporta esta criatura? El Tunjo tiene dos formas: la de bebé y la de estatuilla/muñeco de oro. Siendo bebé, aparenta tener alrededor de seis meses (E. Manchego),llama a su padre (L.M. Sánchez) y llora en su aparente abandono. De esta manera, provocador, logra atraer a los hombres para que lo recojan y, una vez alzado en brazos, se dice que tiene los ojos rojos, colmillos y arroja fuego por la boca (El Tiempo, A. López, E. Manchego). Adicionalmente, M.L Rodríguez menciona que, en Tolima, el Tunjo deja sus huellas marcadas en el suelo y tiene una actitud de guardián de minas de oro o, por el contrario, una actitud de anunciante de tesoros escondidos. Ahora, La segunda forma del Tunjo, la de estatuilla/muñeco de oro, la toma cuando es bautizado por quien pasa a ser su dueño. Según G. González y E. Manchego, la figura de oro es muy pesada porque es maciza y ,diferentemente a lo dicho antes, M.L Rodríguez parece decir que, en Garagoa, el Tunjo siempre tiene la forma de estatuilla al ser parte de los tesoros por desenterrar en la guacas y que su poder consiste en doblar el valor de una moneda que se le eche en la guaca una vez descubierta.

¿Cuál es su paradero? Variados son los sitios que mencionan las fuentes. El Tiempo y G. González indican que son los caminos, las veredas y las carreteras; E. Manchego, los bosquecillos; A. López y M.L. Rodríguez agregan las quebradas, los ríos y las rocas; y L.M. Sánchez, quien además sugiere que el Tunjo es una pluralidad de criaturas guardianas, lo sitúa en los charcos que hacen los ríos al pie de las montañas.

Al conectar el presente con el pasado, históricamente no existió una criatura llamada Tunjo, más bien una variedad de estatuillas antropomorfas y zoomorfas: los tunjos. Estos constituían, junto a las mantas y las múcuras, parte de las ofrendas hechas por los muiscas a los dioses en rituales para los que se mandaban hacer a los orfebres; se envolvían en las mantas o se metían en las múcuras para posteriormente enterrarlos (Fr. P. Simón, 1891. A. Frassani, 2018). Como parte de la cohesión cultural, las figuras representadas en los tunjos estaban en estrecha relación con la iconografía plasmada en las mantas y en el arte rupestre, según A. Frassani.

Según Fr. P. Simón, los tunjos, como objetos de la orfebrería muisca, son figuras de hombres o de animales hechas de tumbaga de oro, de madera, hilo de algodón, barro blanco y cera. La elección de la forma de la figura dependía de los criterios dados al orfebre por parte de quien lo mandaba hacer y, en especial, primaban las indicaciones que el jeque daba a quien necesitaba el tunjo para un fin determinado. En calidad de figura humana, se encuentran hombres y mujeres de varias edades, oficios y rangos sociales. Como figura zoomorfa, se encuentran figuras de culebras, ranas, lagartijas, mosquitos, hormigas, gusanos, leones, tigres, monos, zorros y de toda suerte de aves.

De modo que los tunjos estaban directamente relacionados con el oro, el trabajo orfebre, lo mágico y lo sagrado. Precisamente, Consuelo de Vengoechea citada por María Stella González habla sobre esa relación de múltiples significados y funciones de los tunjos al analizar relatos de los habitantes de Nemocón, Cogua y Zipaquirá en los que los tunjos hacen parte de creencias y ritos americanos centrados en la metamorfosis chamanística, el sacrificio, la ofrenda de oro que conecta con lo sobrenatural, lo poderoso y lo sagrado (Reichel- Dolmatoff citado por M.S. González, 1996). Así pues, los relatos analizados cuentan que los tunjos, asociados a los mojanes y encantos, son creaciones manuales y polivalentes de los Zipas (antiguos muiscas) a las que ellos les infundían vida. Estos seres moradores de las aguas tienen formas de movilizarse por medio de ellas y los hombres, al reconocerlos por un sonido de música particular, pueden reducirlos a ser muñecos de oro con diferentes elementos como la sal, los orines, la saliva, etc (C. Vengoechea citada por M.S. González, 1996).

Entre otros relatos campesinos alrededor de los tunjos, se dice que los tunjos pueden tener forma de gallinas o pollitos de oro, lo cual M.S. González asocia a la experiencia chamanística de la transformación en aves y del vuelo. También es importante decir que los tunjos son parte de la cultura del guaqueo del país y, por ejemplo, se dice que en las tardes al ver luces en las montañas puede ser una guaca cuyos tunjos resplandecen. En el mismo orden de ideas, al preguntar a hablantes del municipio de Turmequé sobre los tunjos, ellos los definieron como tesoros u objetos de oro antiguos que podían ser encontrados principalmente en las lagunas.

Por último, puede concluirse que el tunjo de la religiosidad muisca fue claramente reinterpretado y reculturalizado en el mito que persiste en el folclor colombiano actualmente, lo cual es testimonio de su importancia. Evidencias del comienzo de la reinterpretación cultural de los tunjos la ofrece A. Frassani cuando cita un documento en el que los españoles llamaron a los tunjos como “santillos”. Además, también se ve esta reinterpretación cuando la imagen comercial de la cerveza Club Colombia es un tunjo.